El vagabundo siniestro pone camino a Sintra. Se encuentra en tierras de Portugal, antiguas, de una elegancia ajada por el tiempo, de palacios estropeados por el viento del mar, de gentes que hablan como si estuvieran cantando viejas canciones. Llega a Sintra, a pocos kilómetros de la bohemia Lisboa, con un tiempo estupendo. Es verano y luce el sol con fuerza. El vagabundo siniestro hubiera preferido encontrarse con el cielo oscuro de tormenta, pero pocas veces el tiempo acompaña.En su mapa ha señalado un lugar mágico, misterioso, que no puede dejar de visitar: la Quinta da Regaleira, también conocida como Palácio do Monteiro dos Milhões. El nombre sugiere. Suena a antiguo. A señorial. La propia Sintra no es menos misteriosa. Al vagabundo se le antoja un pequeño jardín salvaje. La vegetación crece por doquier, desordenada y continuamente le asalta el aroma de las flores. La niebla suele envolver la ciudad y eso al vagabundo le gusta. Por encima de sus cabezas, el Castillo dos Mouros observa al visitante, como si del hogar de un vampiro local se tratara.
Situado en el casco antiguo de Sintra, la Quinta Regaleira se alza intrincada y gótica, con la promesa de túneles y rincones. El vagabundo conoce su historia. El propietario, Carvalho Monteiro, compra el lugar en 1892 y lo convierte en su proyecto personal. Dota a la finca de un jardín extraordinario, de rincones, invernaderos, un acuario, fuentes, lagos y pasadizos,edificios neorrománticos, góticos y manuelinos. Todo ello obedece a un plan. Un recorrido místico de conocimiento, una concepción religiosa del mundo. La Quinta entera es un microuniverso tal y como lo concebían los masones. La estructura de la Quinta pretende reconstruir la escatología cósmica, la cual anuncia el fin del universo y la humanidad, y sugiere al mismo tiempo la supervivencia del alma después de la muerte. Monteiro creía, a su vez, en el cristianismo gnóstico, que promete la salvación de los fieles y el retorno de los espíritus. El vagabundo siniestro sonríe. Sabe que que en toda la Quinta existe un ideal neotemplario. Así puede verse en la cruz templaria en el fondo del pozo iniciático, la Cruz de la Orden de Cristo en el pavimento de la capilla y la continua referencia a la resurrección y al camino que emana toda la Quinta.
El vagabundo siniestro se dispone a ser peregrino, iniciado, místico, y emprende el viaje por los intrincados caminos de la Quinta.
El bosque representa la creencia en lo primitivo, lo ancestral, es el escalón más bajo del que parte el ser humano en su viaje hacia el conocimiento.
En un lugar del bosque, cruzando un pequeño lago, se accede a una gruta que conduce hasta el pozo iniciático. Una escalera en espiral lleva al viajero de nuevo hacia la luz. El significado está claro si uno sabe mirar:trasunto de la "Divina comedia" de Dante, los nueve círculos de la espiral del pozo representan el infierno, el paraíso y el purgatorio. De la misma manera, la simbología del lugar se relaciona con la creencia de que la tierra era el útero materno, de donde viene la vida, pero también la sepultura, donde ésta acaba. Los ritos de iniciación masónicos aluden al nacimiento y a la muerte, a la resurrección.
El vagabundo continúa recorriendo los rincones del Palacio da Regaleira. Es un lugar inmenso. Nunca antes se había sentido tan conectado con la magia y se complace en imaginarse masón, templario, alquimista. Los secretos son muchos. Y el camino es largo...
Texto, fotografías y vídeo: ANA MORGUE.
